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día de las librerías

EL VALOR DE UNA LIBRERÍA

El pasado día 11 de noviembre se celebraba el Día de las Librerías en Madrid. Como ya viene siendo una tradición desde hace varios años, la ciudad se llenó de actividades relacionadas con la lectura, el libro y la narración oral en gran parte de las librerías de la Comunidad de Madrid, al igual que se hacía en el resto de España.

Por ello hoy queremos compartir estas reflexiones que nuestra compañera narradora Silvina Rodríguez ha escrito sobre su relación con las librerías, el valor que para ella tienen y sus recuerdos en librerías que han sido especiales en su vida.

Sirva este gesto como felicitación de parte de nuestra Asociación a todas las librerías independientes, por su labor social y cultural, y también como demostración de apoyo y solidaridad con ellas ante estas épocas tan difíciles en las que estos negocios resultan especialmente afectados.

Feliz Día de las Librerías y Felices Lecturas

Librerías

El lunes pasado caminaba por el barrio de Lavapiés buscando una librería donde comprar un libro que necesitaba para una sesión de cuentos infantil y comprobé, con alegría, que no sólo estaban las tres que me marcaba San Google sino cinco librerías, concentradas en una extensión que no abarcaba más de seis o siete manzanas, ciertamente una de ellas estaba más dedicada a público adulto y a los vinilos, pero me pareció increíble que aún pudieran mantenerse abiertas luego de la pandemia y de la inflación que hay en este momento.

El viernes pasado fue el Día de las Librerías y, sinceramente, me alegro de que exista un día especialmente dedicado a ello y que se siga celebrando por todo lo alto, sobre todo por aquellos y aquellas personas dedicadas a este trabajo independiente, que siguen apostando por un negocio que corre un gran riesgo de desaparecer, y por las lectoras y lectores que con muchísimo placer aún compramos libros.

Tengo en la cabeza aquel conocido refrán popular que dice: «Un libro es un tesoro y cada hoja un pan de oro”, y creo fervientemente que es así, porque… ¿Cómo si no, podríamos llamar a aquellos libros que te abren un mundo nuevo y que son capaces de transportarte a los confines de la tierra sin siquiera moverte de casa? y si un libro es un tesoro una librería es un cofre que guarda esos tesoros.

Recuerdo de pequeña que, ni bien aprendí a leer, lo único que quería era que mi madre me comprara libros, era prácticamente lo único que pedía para Navidad y así durante muchos años renunciando a juguetes, ropa, bisutería, y otros menesteres, hasta que a los 18 años fui a trabajar por primera vez una librería, y allí me encontré con el verdadero placer de tener a mi alcance muchos de los libros que antaño había devorado de un bocado. Y mientras me dedicaba a ordenar según mi criterio: literatura latinoamericana, literatura extranjera, literatura policíaca, el dueño no hacía más que regañarme porque, para él, el orden era otra cosa. Pese a ello disfruté muchísimo de aquel trabajo, el segundo que había tenido hasta el momento y que deseaba seguir teniendo porque trabajar en una librería era como un sueño.

Años después mientras estudiaba Arte dramático en la Universidad de Córdoba (Argentina), me dedicaba a recorrer con ahínco las librerías, aunque compraba muy poco, la necesidad apremiaba y los deseos se dejaban para cuando hubiera trabajo o algún ser querido podía regalártelos. Pero sí que recuerdo que una vez compré en la librería llamada Rayuela, la más reconocida de la ciudad de Córdoba, y años más tarde sería la que me abriría las puertas para que pudiera hacer mi primer espectáculo de café-teatro.

Era una librería rectangular con desniveles y al fondo tenía un pequeño bar donde se hacían los espectáculos. Y allí fui feliz haciendo mis primeros pinitos como actriz en una librería que generosamente me recibió entre estanterías, cafés y libros.

Y qué decir de las librerías con encanto que alguna vez tuve la suerte de visitar como la ya extinta Negra y Criminal, que existía en Barcelona creada por Paco Camarasa en el barrio de la Barceloneta y que estaba dedicada exclusivamente a la novela policíaca, o la Librería Lello de Oporto donde se rodaron escenas de la película Harry Potter y donde hasta hace 15 años no se cobraba por entrar. Por ser justa con Madrid, ciudad en la que vivo, mencionar también la librería-café Ocho y Medio, dedicada completamente al cine, o la increíble librería Ateneo de Buenos Aires que antes era el Teatro Grand Splendid y que conserva aún toda la belleza del edificio y donde no puedes dejar de respirar el olor a papel y llenarte los ojos de títulos y portadas, unas más increíbles que las otras.

Mi deseo es seguir visitando estos lugares sagrados como si fueran museos, porque un libro de papel está más cerca de convertirse en una obra del pasado que del futuro y me gustaría que las narradoras y narradores podamos seguir teniendo el privilegio de contar con olor a papel y estanterías de madera.

A veces leemos para sentirnos acompañadas, a veces para viajar y otras por el puro placer de tener una historia entre las manos, pero lo más increíble de todo ello es que, son estas, las librerías, las que estando al cuidado de todas esas emociones… nos eligen sutilmente para embarcarnos hacia otro lugar más sabio y amable.

Silvina Rodríguez

Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. Gracias Silvina por este artículo a las librerías tan merecido.
    Me ha hecho recordar una anécdota que fue hermosa y gratificante para mi. Cuando empecé a hacer cuentitos artesanales intenté venderlos en papelerías y tiendas relacionadas con el papel. En todas ellas me decían no gracias y yo salía de ellas disimulando el llanto. Hasta que entré a la única librería infantil que había en Madrid en esa época, Fuentetaja. En esta librería acogieron mis cuentos artesanales y me pidieron más. Fue para mi maravilloso.

    1. Gracias Ailama por el recuerdo, tierno y triste a la vez. Fuentetaja es un referente para todo en Madrid, un lugar donde se vive el libro sin adjetivos y donde se aprecia el arte. Un abrazo de cuento compañera.

  2. Gracias Silvina!! Yo quería además señalar el trabajo titánico de las librerías de barrio, faro cultural a veces único, en el abandono al que estos son sometidos por las instituciones. Así que señalaré a la librería Muga, la mi barrio, que programaba cuentos cuando incluso las bibliotecas de la Comunidad dejaron de hacerlo, por la crisis. Y donde puedes encontrar absolutamente de todo.

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