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La tradición cultural y oral en la Noche de Difuntos

Llamada de distintas formas según el lugar y su tradición, las noches que es extienden a los días 1 y 2 de noviembre, están rodeadas de ritos, historias contadas, tradiciones y costumbres en multitud de lugares del mundo.

En todas estas tradiciones siempre está presente la narración oral y las historias contadas de viva voz. Principalmente para recordar a los difuntos. Pero también para acercar a grandes y pequeños historias que rozan el mundo terrenal con el mundo de los que ya nos han dejado.

En esta sociedad globalizada que ciertas tradiciones copan el protagonismo, desde la Asociación MANO nos resulta oportuno resaltar estas tradiciones, arraigadas en nuestra cultura. Queremos compartirlas y difundirlas, porque es la mejor manera de ponerlas en valor. Sobre todo para que no caigan en el olvido y se sigan manteniendo vivas.

Dentro de nuestra asociación nos encontramos personas de muy distintas procedencias. Todas residentes en Madrid en la actualidad, algunas son gatas, pero otras tienen sus raíces en Cantabria, Castilla y León, País Vasco o Baleares. Incluso más allá: Francia, Argentina, Perú, Colombia, Italia, Chile, Escocia… Es, precisamente, esta diversidad nuestra seña de identidad como grupo. Y hemos querido aprovecharla para compartir nuestra riqueza cultura, recordando costumbres de algunas de nuestras tradiciones en estos días.

Cuentos en la víspera de Todos los Santos

La víspera de Todos los Santos es una noche especial que se extiende a la celebración del 1 y el 2 de noviembre. Así en las llamadas Nit de les Ànimes, Noche de Difuntos, Día de Finados, Día de los Muertos… se contaban historias sobre difuntos. Son días en los que se acerca el frío y las horas de luz solar se van acortando más, momentos estos propicios para juntarse y comer castañas, panellets, buñuelos o huesos de santo.

Tradicionalmente los cuentos, las historias y las leyendas han estado siempre presentes en esta celebración. Las familias y las comunidades comparten espacio y encuentro recordando a los difuntos. Se narran historias de aparecidos, de fantasmas y de brujas. Pero el mundo de los muertos no es el único que se abre en estas fechas. También perviven ritos antiguos que tienen relación con el cambio de estación, con la llegada de los meses de frío y el periodo más oscuro del año. Así se encienden velas para alumbrar el camino de regreso al hogar, se depositan ofrendas de flores o se comparte comida.

Entre las tradiciones que encontramos dentro de los miembros de nuestro asociación, nuestro compañero Simone Negrin (brotado y criado en Italia, curtido y adobado en Galicia) nos hace llegar un resumen sobre la tradición en torno a los muertos en Galicia: el Samaín.

El Samaín en Galicia: cuando los muertos vienen a visitarte

En la tradición gallega, hay dos noches en las que se abren los portales entre el mundo de los vivos y el de los muertos: la Noche de San Juan y la del 31 de octubre, llamada Samaín. El Samaín era la fiesta de año nuevo celta en la que se celebraba que terminaba la época de cosechas y recolecciones y que llegaba el invierno.

El Samaín gallego es una noche de tránsito, marca el paso del calor al frío, de la luz a la oscuridad, y durante su celebración las personas muertas pueden venir a visitar a sus familias, evento que está despojado de matices negativos o terroríficos dentro de la cultura ancestral galaica, y resulta menos extraordinario de lo que podría resultar en otros lugares.

En ese sentido es significativo que el santuario más famoso de Galicia sea San Andrés de Teixido, un lugar que se dice que se puede visitar antes o después de la muerte (posiblemente usando una persona allegada como vehículo). En general, está asumido que familiares muertos pueden volver en cualquier momento, especialmente para solucionar asuntos pendientes.

En algunos sitios es tradición preparar la casa en vista de esa visita especial, por ejemplo dejando una silla libre a la mesa esa noche, dejando la mesa sin recoger después de la cena, dejando unas castañas asadas o el fuego encendido para que se puedan calentar. También se les pone una velita en la puerta de la casa para indicar el camino, o por las sendas para espantar a los malos espíritus. Con ese mismo propósito se vacían nabos o calabazas para iluminarlas

En algunos lugares durante el Samaín se tenía en cuenta el destino de las pobres almas del purgatorio: los niños salían de casa con unos collares hechos de castañas asadas que iban ofreciendo a quienes se encontraran por su camino. Por cada castaña ofrecida, se sacaba un alma del purgatorio (que ahora debe de estar vacío, tras su abolición).

Por supuesto, durante el Samaín es tradición también narrar historias de los muchos personajes que pululan por los caminos galaicos por las noches: Santa Compaña, Sacaúntos, Lobisome, Mouras, Tronantes, Meigas, el Demonio, la Muerte, etc.

Y como toda fiesta que se celebre en Galicia, hay comida, bebida, música y baile tradicional, más las hogueras y los disfraces típicos de los magostos de esta época.

(Agradecimientos a Ángeles Goás y Caxoto por sus aportaciones)

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