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Sobre la experiencia de contar por teléfono

Llevamos un mes en nuestras casas confinados. La situación por la emergencia sanitaria se ha tenido que alargar más de previsto en un inicio. Y aún nos queda algo de tiempo por delante.

Pero en toda esta extraña situación, los cuentos han seguido fluyendo. A través de directos en las redes o de vídeos de compañeros y compañeras. Incluso, algunas bibliotecas se han adaptado, utilizando también estos medios. Y las diferentes asociaciones de Narración Oral de España hemos lanzado un manifiesto común

También, hace casi un mes, era el 20 de marzo, el Día Internacional de la Narración Oral. Acabábamos de empezar a quedarnos en casa hacía una semana. Y los actos que teníamos preparados desde nuestra asociación se tuvieron que suspender.

Pero no nos quedamos parados. Y desde un pequeño grupo, surgieron dos iniciativas que ya os contamos. Por un lado, los #VídeosCuentos20M, en nuestro canal de Youtube. Y por otro, los #CuentosporTeléfono y la #PoesíaporTeléfono (ya que ampliamos a celebrar, también, el Día de la Poesía, 21 de abril).

¿Y cómo fue la experiencia?

Aquellos dos días fueron muy especiales para el grandísimo grupo que se apuntó a participar contando y diciendo poesía por teléfono. Los comentarios en el grupo de Whatsapp que creamos, durante todo el día, eran alegres y esperanzadores. Significaban un soplo de motivación y de aire fresco.

Tanto fue así que se comentó que no sería positivo compartir nuestro sentir y vivir. Y, por ello, hemos recopilado los testimonios de quiénes han querido hacerlos público:

¿Qué opciones había de celebrar este día desde el encierro? ¿Videos? ¿Teléfono? Decidimos que ambas acciones no eran incompatibles. Personalmente me decanté por los cuentos por teléfono: tener sólo la palabra, poder escuchar a tu público del otro lado eran muy buenas razones. Pero había una más importante todavía: me encanta hablar por teléfono. Además, conocía las experiencias de la biblioteca de Mejorada del Campo, la del Cabildo de Gran Canaria… y sabía que siempre funcionaban muy bien.

Estrella Escriña

Cuando me llegó la propuesta, pensé que sería bonito poder hablar con gente que tal vez vive sola o con peques que tienen ganas de hacer algo diferente después de tantos días de encierro. Pensé que sería bonito poder quitarme el “mono” de contar en estos tiempos en los que todas nuestras sesiones se han ido suspendiendo a la velocidad a la que se cae un castillo de naipes. Pero lo que no imaginaba, a priori, es que hubiese al otro lado del auricular tal necesidad de historias y de palabras. Ni que me fuese a encontrar las muestras de agradecimiento que encontré (que encontramos, a juzgar por los mensajes de los compañeros y compañeras que también participaban). Ni que llegase al punto de ser sobrecogedor y desbordar la emoción. Como sucedió el día 20 de marzo. Y sobre todo el 21 de marzo, que dedicamos desde MANO a la poesía por teléfono.

Elia Tralará

Lo que no sabía era dónde iba a meterme. Y en la primera llamada me di cuenta de donde estaba. En mitad del salón de una familia compuesta por dos niñas de 3 y 7 años junto con su mamá, que al poner el altavoz me daban entrada a su casa. Y en mitad de aquel salón, encima empezábamos la relación por algo tan íntimo como contarles un cuento. Ellas aceptaban el reto y yo también.

Silvia Mascaray

Confieso que pude hacerlo disfrutándolo sin nervios porque me lo había preparado a tope. Y tenía sobre mi mesa grande y alrededores, además de en el ordenador menús de cuentos, acertijos, pequeños poemas-cuento… Por edades, por tipos… Todo listo para abordar cualquier propuesta. Los continuos mensajes sobre cómo iba la cosa que mandasteis a lo largo del día me sirvieron muchísimo, pues yo empecé a las 22:00.

Anselmo Sáinz

Un amigo mío llamó para que les contara a él, su mujer y sus 3 hijos (entre 4 y 7 años los 3…) y grabó el momento. Me lo envió por la tarde y aluciné. Ver a los 3 con esa mirada perdida escuchando una voz (ellos no creo que supieran quién era yo exactamente) y siguiendo la historia, riendo, repitiendo conmigo partes del cuento…No parecía posible. Yo estaba allí con ellos, tan presente como en cualquier sesión.

Susana Tresbotones

Hubo niñas de 8 o 9 años que me llamaban por su cuenta, entonces les daba a elegir ¿quieres un cuento con un poquito de miedo o de piratas…o te busco otro? (había que dar un buen menú) y hubo de los dos. Me di cuenta de que me gustaba contar de pie, como lo hago en escena, caminando y gesticulando… Lo descubrí en la segunda llamada. Al final me decía la niña ¡que chulo! Yo la animaba a llamar a otra compañera o compañero y, desde el fondo, escuchaba la voz de la mamá “¡Ya llevamos varios!”.

Mar Amado

Cuando me tocó el turno por la tarde, fue impresionante sentir que mientras contaba un cuento a algún niño o niña el teléfono no paraba de pitar. Y entre la alegría, la adrenalina y los nervios el momento es tan efímero que pones todo tu amor y cariño en alegrar por un momento a ese pequeño o pequeña o a esa adulta que tiene ansias de escuchar historias. Luego de hablar unos minutos con esa persona, te despides con la ilusión de haber compartido un momento único y es que la cercanía de estar al otro lado del teléfono es magia pura, no sabes con quien hablas, no sabes cómo va a salir y eso es parte del juego de narrar también.

Andrea Ortuzar

Encontré peques que no sabían lo que era una luciérnaga, normalmente con apoyo visual se soluciona. Pero, a falta de esta posibilidad, un bicho parecido a una mosca con luz en el culo lo compensa y nos reímos cada vez con la comparación.

Mamen Storyteller

Me parece una actividad genial para contactar con la gente anciana que vive sola, ya que además son los que han usado el teléfono para comunicar durante toda su vida. Y no smartphones con pantallas. Y hablando de smartphones, para terminar, destaco la importancia del grupo de WhatsApp para compartir experiencias en tiempo real. La verdad que fue un puntazo.

Simone Negrín

Mucha gente me decía ¿por qué no lo hacéis por Zoom o por Facebook Live y llegáis a más gente? ¿Eso es lo bueno? Llegar a más gente. Yo valoro más la intimidad, de compartir ese momento, de entrar en la vida cotidiana de las familias, sin estorbar, sin ver exactamente el lugar que han elegido para escuchar y si mientras estoy contando la hermana mayor está chinchando al pequeño. ¡Qué maravilla formar parte de esa intimidad!

Mar del Rey

La respuesta es desconocida, extraña. El feedback es muy distinto, se nota la escucha casi siempre (porque también en una ocasión escuché: “¡vaya! el pequeño se ha ido. Pero sigue sigue”). Oyes el silencio al otro lado y en algún momento pienso ¿seguirán escuchando? ¿Les estará gustando? ¿Habrán dejado el móvil en la mesa y se habrán ido a hacer otra cosa? En estos casos, el demasiado silencio te hace dudar. Y recuerdas la costumbre de mirarnos en lo que se desarrolla el cuento. ¿Cómo será contar cuentos siendo invidente? Se acaba el cuento y aplauden. Ese momento también es bonito. Porque responde las preguntas anteriores, volvemos a estar juntas. Después viene la despedida. Ahí se nota la emoción amplificada por el momento en el que lo estamos haciendo. Llevamos unos días en casa y hay un poso de ¿estás bien? Espero que siga así.

Aurora Maroto

Un último agradecimiento

Para terminar, volver a dar las gracias a todos los participantes: Andrea Ortuzar, Anselmo Saínz, Aurora Maroto, Concha Real, Elena Pérez, Elia Tralará, Estrella Escriña, Israel Hergón, Juan Madrid, Maísa Marbán, Mamen Storyteller, Mar Amado, Mar del Rey, Roberto Mezquita, Silvia Mascaray, Silvina Rodríguez, Simone Negrín, Sofía Volvoreta y Susana Tres Botones.

Y, especialmente, al grupo que coordino la propuesta: Estrella Escriña, Aurora Maroto, Mar del Rey (cuentos) y Sofía Volvoreta (poesía).

Imagen destacada: Telefono vintage (cesión de uso de Israel Hergón)

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